divendres, 27 de gener de 2012

Lo que calla la noche

Estaba agotada, normal, después del día tan raro que había tenido, ya nada podía ser peor, ¿o si? La noche acechaba, la luna de puntitas intentaba ver el cielo oscuro plagado de constelaciones y el viento cada vez se hacía más notar.
Empezaban las complicaciones, no había línea y para colmo mi coche no arrancaba, así que en esas circumstancias no podía ir a un ciber a acabar el trabajo de Literatura que el profesor Figuels nos había enviado al correo electrónico, ni tampoco enviar, puesto que no solo estaba dañada la línea, sino que para colmo el wifi también se había suicidado.
Pero lo que realmente me llamó la atención fue que todos los relojes de la casa se habían parado y encima todos en la misma hora...¡las 5:30 de la tarde! Pues si habría jurado que a las seis aun iban o al menos eso creía yo recordar, ¿habrían retrocedido en el tiempo para luego parar en una hora exacta? Todo era rarísimo, ¿qué otra cosa podía pasar más rara que eso? A veces las preguntas tienen trampa, algunas contienen la respuesta, pero claro necesitan la ayuda de nuestra imaginación o simplemente, suposición.
Eran las ocho y media y la línea seguía sin dar señales de vida y del wifi ya no podíamos esperar nada más. Me acomodé en el sofá, me puse una película, palomitas, manta y a Onix encima, sí mi gato. Y como era de esperar me quedé traspuesta poco después de empezar la película y digo "como era de esperar" porque el título no era muy atractivo: "Carolina y Charlie en su viaje a Berlín" y eso era lo único que hacían esa noche. Bueno, tampoco me había dado a dormir mucho, ya que tan sólo habían transcurrido 30 minutos.
De repente, Onix pegó un salto hacia el brazo izquierdo del sofá, emitió un rugidito y volvió a relajarse en mi regazo. Onix es un gato muy tranquilo, nunca se enfada por nada, ni por el ratón que le roba alguna galletita de queso y menos emite esa clase de rugiditos. Ahora no sólo estaban ocurriendo cosas muy extrañas, sino que también estaba actuando de una forma muy poco corriente un miembro de mi familia, Onix, mi gato.
Un golpe, sí, otro golpe, otro, otro y otro. Venían de arriba. Me levanté del sofá, aparté todos los obstáculos que me impedían pasar y me dirigí hacia las escaleras para subir al piso de arriba, y en ese momento, Onix subió velozmente las escaleras como nunca le había visto hacerlo y empezó a emitir otra vez esos rugidos tan poco usuales en él, es más, parecían de otro animal, un lobo más bien, pero nada que ver con los rugidos que podría emitir un gato. Y entonces lo vi. La puerta de mi habitación estaba abierta y no cerrada como yo la había dejado, pero lo más extraño fue lo que vi a continuación, había alguien rebuscando entre mis estanterías, entre mi armario, entre mis sábanas y entre mi...¡Eh, tú! Chillé sulfurada. ¿Es qué nadie te ha enseñado que no se debe tocar las cosas de los demás? ¡Y menos ese tipo de cosas tan personales! Mira, ¿sabes qué? Te las regalo, no creo que me apetezca volverlas a usar, es más, me las has destrozado. Me gusta llevar los pantalones rotos si, pero hasta cierto punto, pero las bragas me gustan que estén completitas pervertido, asqueroso... Qué tipo más raro, ¿estaría insultando a algún psicópata? O lo que era peor, ¿a un violador? Quería huir, correr de esa situación pero antes que pudiera pensar la manera para deshacerme de ese personaje, la puerta se cerró de golpe y empezó la tormenta. Era un chico alto, pelo oscuro y con un tatuaje en el cuello y quién sabe si tenía más, pero no iba a quitarle la ropa para así poderme vengar y ya de paso confirmar si de verdad tenía otros tatuajes en otras zonas. Llevaba una capa, ¿una capa? Dios, qué chico tan raro. ¿Qué iba de príncipe? Aunque si iba de príncipe, iría de príncipe negro, pues iba todo vestido de negro y no del clásico príncipe azul. Sus ojos eran también oscuros y dejaban entrever una profunda soledad, rabia y hambre, espera, ¿dije hambre? Madre mía, y si me devoraba...¿? No, no podía ser un caníbal, mejor no supongamos cosas espeluznantes. Tenía un buen físico, espalda ancha, hombros fuertes y unas manos enormes, las mismas que ahora me sujetaban. Un momento...ya no me encontraba en mi habitación, sino en un bosque. ¿Bosque? Pero si el único lugar parecido a un bosque cerca de mi casa eran los dos arbolecillos de la puerta de la ermita... ¿Y dónde iba montada yo? Pues andando no iba. ¡Pero bueno me llevaba en brazos el tipo aquel loco de mis braguitas! Un momento...yo no recuerdo cuándo me cogió...
-Si estás preguntándote cómo o cuándo te cogí en brazos, la respuesta es muy sencilla.
Fruncí el ceño esperando una respuesta inteligente, o al menos suficiente para quitarme la cara de tonta y subir el labio inferior de la boca como en la película de La Sirenita, que por cierto, era una de mis favoritas, eso sí, cuando era pequeña.
-¿Y bien, chico raro desconocido?
-Mientras tú me analizabas y dabas vueltas en tu cabeza de la situación y dabas suposiciones a cerca de mis posibles tatuajes, yo te cogí lentamente, con mucha suavidad y a la vez muy rápidamente. Seguidamente, traspasamos el espejo. Pasamos el túnel y llegamos al bosque, que es dónde estamos ahora mismo.

Era imposible borrar mi cara de tonta, pues ésta había aumentado y estaba más anonadada que antes. Lentamente, levantó el brazo y con su dedo índice de la mano derecha me tocó la barbilla suavemente y la subió para arriba con un solo clic, igualito como pasaba en la película de mi niñez. Yo estaba perpleja, no me lo podía creer. Me había tenido que leer la mente o de lo contrario era adivino, eso sí, lo que estaba del todo segura era que se trataba de un tipo muy raro.

-Espera, ¿has dicho que traspasamos el espejo?
-Así es.
-Me estás tomando el pelo, ¿verdad?
-No, para nada.
-¡Pero si yo no tengo espejo!
-Ah, perdón, es que los humanos no le llamáis espejo.

¿Había dicho "que los humanos..."? ¡Pero bueno! ¿Y entonces que se suponía que era él? ¿Un alien?

-No soy un alien.
-¡Quieres dejar de hacer eso!
-¿Hacer el qué? ¿Leerte el pensamiento?
-¡Sí! La gente corriente no va por ahí husmeando la mente de los demás.
-Ya, pero es que ni soy humano ni corriente, nada de eso va conmigo.

No si ya, en eso de corriente no lo tenía ni que jurar, se le veía a la legua que "normal" no aparecía ni en su ser ni en su diccionario siquiera.

-Y si no eres humano... No, mejor no me lo digas, no quiero atribuirte otro adjetivo calificativo que alomejor ni encontraría para describirte aun más.

De repente, se acercó a mi sigilosamente, me apretó contra su cuerpo y con una mano me tapó la boca. Me intenté escapar de él, también de su mano, pero era como si estuviera atrapada en un abrigo de piedra. ¡Dios mío! Era tan duro como una piedra. Y al fin, me soltó.

-Ya se han ido. Podemos avanzar.
-¿Quiénes?
-Los vigilantes.

Vigilantes...ya, en fin, todo era rarísimo. No entendía nada. ¿Y qué era lo que tenía que entender? Debía estar teniendo uno de mis sueños raritos.

-Tranquila, no es un sueño.
-¡Que te he dicho que dejes de hacer eso! ¿Cómo tengo que decírtelo en chino?
-Sí, si supieras, pero como no sabes...
-¡Pero bueno! ¿Se puede saber de dónde has salido tú?
-Está bien, por ser tú voy a hacer eso que es frecuente en vosotros, los seres humanos.

¿Quería decir que se iba a presentar?

-Sí, así es. Mi nombre es Tyler y soy tu guardián. Cada noche te veo dormir y te protejo en sueños, pero ya ha llegado la hora de protegerte fuera de ellos. Una vez la llave decide que es el momento, ya no hay marcha atrás y nada ni nadie puede alterar la decisión. Tu destino ya está puesto en marcha. Soy una especie de ángel de día y demonio por la noche. Y respecto a ti, eres todavía aprendiz de las dos variantes, pero tranquila, pronto empezarás a dominarlo. Ah, y no te asustes cuando en la forma de demonio te salgan colmillos y las uñas de las manos se te alarguen y se te afilen como las de tu gato, que por cierto, creo que no le he caído muy bien. Y ahora toca decir: encantado de conocerte en persona Babi.


Menuda sorpresa...¿mi guardián? Me sentía como un ratón, con el que estaban a punto de experimentar. Dijo que la llave había decidido... Ahora me entero que las llaves tienen personalidad propia, madre mía, estaba alucinando. No tenía ni pies ni cabeza todo eso. En fin, no hay tampoco nada normal en el mundo y menos en esos instantes los iba a haber.
Entonces, me besó y en unos instantes estaba de vuelta en mi habitación. ¿Y por qué no me había besado para llegar hacia aquel bosque? ¿O es que me había engañado con aquel beso de una especie de teletransportación y no era nada más que otra cosa como un beso normal y corriente?

Así que eso es lo que esconde la noche, lo que calla...

-Fin capítulo dos.
B.

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